Un amigo no te devuelve el dinero: qué hacer para no perder ni la pasta ni la amistad

Lo difícil no es el primer recordatorio, sino el segundo. Esto es lo que hay que hacer cuando ya lo has pedido y el dinero no ha vuelto.

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Se lo pediste. Te dijo «claro, te lo devuelvo la semana que viene». Han pasado tres semanas y nada. Y ahora es peor que antes, porque el primer recordatorio ya lo has gastado: el segundo suena a presión y el silencio empieza a parecer un sí.

Es un momento muy habitual y casi nadie habla de él. Las guías se acaban en cómo pedirle a un amigo que te devuelva el dinero por primera vez. Y el problema de verdad empieza al día siguiente de que esa petición no haya funcionado.

Este texto va de organizarse, no de reclamar una deuda. No hay ni una sola frase sobre juzgados, burofaxes o plazos: con las cantidades de las que hablamos, ese camino cuesta más de lo que vale y termina con la amistad seguro. Lo que sí hay es lo que funciona de verdad entre personas que quieren seguir hablándose.

Por qué se enquista

Casi nunca es mala fe, y esto es lo más importante de entender, porque de ahí depende el tono de lo que escribas.

Una cantidad sin fecha no existe. «Ya te lo devuelvo» no es un compromiso, es una intención. No hay un día en el que pase nada, así que tampoco hay un día en el que nadie se sienta con retraso. Cuarenta euros sin plazo pueden quedarse flotando un año.

La vergüenza calla mejor que el olvido. Muchísimas veces la otra persona se acuerda perfectamente. Simplemente ahora no puede devolvértelo y no sabe cómo decirlo, porque reconocerlo es más difícil que callarse. Cuanto más calla, más cuesta escribir, y así se monta una espiral en la que cada uno espera el movimiento del otro.

Cada uno recuerda una cantidad distinta. Tú te acuerdas de sesenta euros, él se acuerda de «unos cincuenta», y los dos sois honestos. Sin un registro común, cada conversación empieza negociando la cifra, y ese es el peor arranque posible: convierte una devolución en una discusión sobre los hechos.

Antes de escribir nada, comprueba tres cosas

Cinco minutos aquí te ahorran una semana de incomodidad.

¿La cantidad es segura y puedes enseñarla? No «creo que era eso», sino una cifra que sepas justificar: una factura, la foto del tíquet, el justificante de la transferencia. Si no puedes, empieza por ahí y no por el recordatorio.

¿Él sabe siquiera que aún no te lo ha devuelto? Pasa más de lo que parece, sobre todo cuando ha habido varios gastos en las dos direcciones. Si por el camino él pagó una cena y tú las entradas, en su cabeza puede haber un empate que en la tuya no existe.

¿Seguro que va de dinero? Si lleváis medio año acumulando otra cosa, esa cantidad va a ser solo una excusa y la conversación acabará yéndose a otro sitio igualmente. En ese caso, mejor separar los dos temas y empezar por el segundo.

El segundo recordatorio: corto, con fecha y con salida de emergencia

Tres elementos, y cada uno hace algo concreto.

Corto, porque una explicación larga suena a acta de acusación. Con dos frases basta, y cada frase de más resta fuerza.

Con fecha, porque es lo único que faltó la primera vez. No «cuando puedas», sino un día concreto, y a poder ser uno que propongas tú.

Con salida de emergencia, es decir, con la posibilidad de fraccionarlo o de mover el plazo. Es lo que más veces desbloquea la situación, porque le permite a la otra persona decir «ahora no puedo» sin quedar mal.

Cuándo dejarlo estar, y cómo hacerlo bien

No tiene sentido recordarlo hasta el infinito. Después de dos recordatorios espaciados en el tiempo y de haber ofrecido el pago fraccionado, ya tienes toda la información: o no puede, o no quiere, y en ambos casos el siguiente mensaje no va a cambiar nada.

Ahí eliges entre el dinero y la relación, y es mejor elegir a conciencia que seguir arrastrándolo. Dejar pasar la cantidad es una decisión, no una derrota: cierra el tema por tu parte en lugar de dejarlo abierto durante meses.

Pero dejar pasar la cantidad no es lo mismo que hacer como si no hubiera pasado nada. La única conclusión sensata de cara al futuro es práctica: no volver a adelantar dinero por esa persona. La próxima vez cada uno paga lo suyo en el momento, y no hace falta anunciarlo ni explicarlo.

Lo que no debería hacer falta

Todas las frases de este texto son ir a remolque. Arreglan una carencia que se creó mucho antes: nadie llevaba una cuenta común, tú incluido.

Cuando las cuentas se llevan al día y las ven las dos partes, el recordatorio deja de hacer falta, y no porque nadie obligue a nadie. Desaparece lo que hacía desagradable la situación: ya no hay una persona que reclama y otra a la que se le reclama. Hay una cifra que las dos ven igual y que ninguna tiene que defender.

Para eso sirve exactamente Kotisso. Cada uno apunta lo que ha adelantado en diez segundos, en el momento. Cada uno ve su saldo sin pedirle permiso a nadie, y la suma de los saldos del grupo siempre da cero: no hay versiones de los hechos que consensuar. A cada gasto se le puede adjuntar la foto del tíquet, así que la cantidad nunca es «de memoria». Al final, la aplicación muestra el camino más corto para dejar las cuentas a cero, es decir, el menor número de transferencias.

Si el asunto es delicado, todas las cuentas se pueden exportar a una hoja de cálculo o a un PDF y simplemente enviarlas. Un documento con cada línea detallada se puede comentar con calma; una cantidad dicha de memoria hay que defenderla.

Todo lo relacionado con las cuentas es gratis, y Kotisso nunca toca el dinero: no presta, no reclama por ti y no recupera nada. Lleva la cuenta, el resto lo hacéis vosotros.

Preguntas frecuentes

¿Cuántas veces está bien recordarlo? Dos, con al menos dos semanas de diferencia, y la segunda con una propuesta de pago fraccionado. El tercer mensaje ya no trae dinero, trae conflicto.

¿Está feo pedir un justificante por escrito en un préstamo entre amigos? Con cantidades grandes, no, y no suena nada desconfiado si lo dices en el mismo momento de la transferencia y no después. Basta con un mensaje con la cantidad y la fecha de devolución, guardado por las dos partes. Pedir un papel tres meses más tarde ya es un reproche.

¿Y si son unos pocos euros? La pregunta no va de la cantidad, sino de cuántas veces piensas en ella. Cinco euros a los que vuelves cada semana merecen una frase; cincuenta que has olvidado de verdad no merecen ninguna.

Alguien no me devuelve el dinero y seguimos haciendo viajes juntos. ¿Qué hago? No mezcles los temas. El saldo antiguo ciérralo aparte, y el viaje nuevo empiézalo con una regla clara: hacemos cuentas el domingo por la noche, todos igual. Un plazo fijado al principio nunca se lee como falta de confianza; ese mismo plazo puesto sobre la marcha, sí.

¿Se puede evitar del todo una situación así? En gran parte sí, y no va de desconfiar. Bastan dos cosas: apuntar el gasto en el momento, en un sitio que todos vean, y tener fijado de antemano el día de hacer cuentas. Entonces no hay préstamo, solo una cuenta de quién le debe cuánto a quién que se cierra sola.

Deja de llevar las cuentas de memoria

Kotisso anota quién ha pagado qué y calcula los saldos sobre la marcha. Las cuentas son gratis y no hay que conectar ninguna cuenta bancaria.

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